Me fui a un retiro de silencio y meditación por 10 días enteros. Fue lo más difícil que he hecho en toda mi vida.

Hace un año y un mes, cuando fui a la cárcel, Lalo, muy entusiasmado me contó de un retiro llamado Dhamma y me mandó un link a mi celular que nunca abrí. Yo era demasiado escéptico en ese momento y para nada me interesaba. Pasó el tiempo y seguí cambiando. La vida es muy chistosa y muchos meses después volví a escuchar sobre el retiro y la técnica, llamada Vipassana, en un podcast de Sam Harris, luego en una entrevista con Tim Ferris y por último en un Instagram story de James Aspey. A este último le mandé un mensaje pensando que no habría cursos en México y le pregunté que si en vez tenía algún libro de meditación que me recomendara. Me mandó el mismo link que Lalo me había compartido hacía más de un año. Lo abrí y me eché un clavado. Resultó que había varios cursos en México.

Siendo completamente honesto, desde hace mucho me sentía desconectado de mi espiritualidad. No creía en nada y me aterraba pensar en temas como la muerte (todavía me pone nervioso). Empecé a meditar, a practicar cosas extrañas para mí como la compasión, la empatía y me empecé a preguntar cosas como quién creo que soy, a qué le voy a dedicar mi vida/energía/esfuerzo y qué carajos hago en este planeta, viviendo, respirando, escribiendo y contándote esto. Después de lo que pasó con el tren pensé que era buen momento de hacerme un cuestionario más serio y trabajar en mí mismo, así que me inscribí al curso.

Ahora, el retiro/curso.

Es tantito antes de Valle de Bravo. Nos separan a hombres y mujeres en todo momento menos en las horas de meditación, que son en un salón grandote. Yo calculo que éramos unas 60 personas; 30 y 30. Habían personas de 25 y de más de 60 años. Primerizas y veteranas. Francesas, alemanas, argentinas, mexicanas…

Foto por Volker de ivagabonding.com

Mínimo 3 hombres no aguantaron y se fueron. Cuando entras te dicen que el retiro es como hacerle una operación a la mente: una vez que entras al quirófano hay que aguantar hasta que termine. Y tiene sentido. Salirse a medias no era opción para mí.

Durante 10 días, hay que cumplir con ciertas reglas:

  1. Abstenerse de matar a cualquier criatura
  2. Abstenerse de robar
  3. Abstenerse de toda actividad sexual
  4. Abstenerse de mentir
  5. Abstenerse de todo tipo de intoxicantes

Esto significa que no pude:

  • Hablar
  • Leer
  • Escribir
  • Escuchar música
  • Obvio nada de celulares (nada de entretenimiento)
  • Tocar a nadie
  • Ni ver a nadie a los ojos
  • Ni hacer señas con nadie

Tampoco pude hacer ejercicio. Todo esto es para trabajar en tu persona y no distraerte con nada más, como por ejemplo comparándote con otros estudiantes y que así se te nuble tu percepción y el ritmo de tu progreso.

Este era el horario:

4:00 a.m. Llamada
4:30-6:30 a.m. Meditación en la sala o en la habitación
6:30-8:00 a.m. Desayuno y descanso
8:00-9:00 a.m. Meditación en grupo en la sala
9:00-11:00 a.m. Meditación en la sala o en la habitación según las instrucciones del profesor
11:00-12:00 a.m. Comida
12 a.m.-1:00 p.m. Descanso y entrevistas con el profesor
1:00-2:30 p.m. Meditación en la sala o en la habitación
2:30-3:30 p.m. Meditación en grupo en la sala
3:30-5:00 p.m. Meditación en la sala o en la habitación según las instrucciones del profesor
5:00-6:00 p.m. Merienda y descanso
6:00-7:00 p.m. Meditación en grupo en la sala
7:00-8:15 p.m. Charla del maestro en la sala
8:15-9:00 p.m. Meditación en grupo en la sala
9:00-9:30 p.m. Preguntas en la Sala
9:30 p.m. Acostarse. Se apagan las luces

Leíste bien. Sí dice despertarse a las 4:00am y haciendo la cuenta hay 10 horas y media de meditación al día. DIEZ HORAS DE MEDITACIÓN, D I A R I O. Despiertas–meditas–desayunas–meditas–comes–meditas–cenas dos mitades de fruta y té–meditas–escuchas la cátedra de un profesor–meditas tantito más–duermes. Esto todos los días.

Te explico (robándomelo de la página) un poco de la técnica y lo que realmente me enamoró del curso e hizo que me inscribiera:

“Vipassana significa ver las cosas tal y como son en realidad. Es un proceso de auto-purificación mediante la auto-observación. Se comienza observando la respiración natural para concentrar la mente y luego, con la conciencia agudizada, se procede a observar la naturaleza cambiante del cuerpo y de la mente y se experimentan las verdades universales de la impermanencia, el sufrimiento y la ausencia de ego. Este es el proceso de purificación: el conocimiento de la verdad a través de la experiencia directa. Todo el camino (Dhamma) es un remedio universal para problemas universales y no tiene nada que ver con ninguna religión organizada ni con una secta. Por esta razón, todo el mundo puede practicarla libremente en cualquier momento y lugar, sin que se produzcan conflictos por motivos de raza, comunidad o religión a la que se pertenezca; es igualmente beneficiosa para todos y cada uno de los que la practican.

Lo que NO es Vipassana:

  • No es un rito o un ritual basado en la fe ciega.
  • No es un entretenimiento intelectual ni filosófico.
  • No es una cura de descanso, unas vacaciones o un club social.
  • No es una huída de los problemas y las tribulaciones de la vida diaria.

Lo que SÍ es Vipassana:

  • Es una técnica para erradicar el sufrimiento.
  • Es un método de purificación mental que nos capacita para afrontar las tensiones y los problemas de la vida de una forma tranquila y equilibrada.
  • Es un arte de vivir que se puede utilizar para contribuir positivamente a la sociedad.”

Qué cosa más linda, ¿no? Me fascinó y me acuerdo de haberlo leído una y otra vez antes de que empezara.

Si uno entiende la impermanencia (que todo en esta vida termina y nada es para siempre) y luego logra tener desapego a las cosas, por ende el ego se desinfla. Y si el ego pierde fuerza, nos dejamos de tomar todo personal, dejamos de pensar que todo se trata de nosotros y nos dejan de afectar tanto las cosas = vivimos más tranquilos. Piénsalo tantito.

Y bueno, ya que te conté de qué trata el concepto te platico un poquito de mi experiencia en esos días sin spoilearlo por si te llegas a animar algún día.

El silencio no me costó mucho, la verdad. Si querías podías hacerle preguntas a un profesor canadiense que estaba ahí. Yo solo hice los días 1 y 8. Fuera de eso no dije ni “pío” en los 10 días. Aprendí a estar solo, con mi cabeza, mis pensamientos, mis sentimientos e ideas. No poder hablar con nadie me dio disciplina pero me encontré juzgando a la gente que estaba dentro del retiro conmigo; gente de la cual yo no sabía nada. Solo los veía pasar, comer, meditar y a veces llorar. (Después del desayuno en el día 10 puedes hablar. Convivimos y estuvimos muertos de risa. Todos los prejuicios que había construido en mi cabeza estaban mal y es algo que tengo que cambiar. Un cuate me contó que nos puso nombres a todos durante el retiro y yo era Maluma jajaja.) Traté de no hacerme más ideas y concentrarme en lo mío.

Hay que comprometerse a aguantar una hora meditando y es la meta para cuando salgas del retiro y sigas practicando en tu vida. Una hora en la misma posición, sin moverse ni abrir los ojos. Los primeros días me movía como 98 veces en cada sesión; el dolor en las rodillas, piernas y espalda no me dejaban estar quieto. Le pedí al maestro si me podía mover a la pared para poder recargarme el día 1 y me dijo que aguantara, que eran mi mente y mi cuerpo liberando toxinas y rebelándose contra mi intento de aprender a controlarlos. Después de varios días el dolor fue bajando hasta que fue nulo. Muy interesante.

Lo complicado es estar solo contigo mismo. Es una lucha constante. La mente es muy poderosa y así como puede ser la herramienta más útil e increíble, también puede ser la más traidora. La mente sabotea, y duro. Se supone que durante la meditación debes concentrarte en tu respiración pero tu cabeza no deja de molestar ni de intentar bloquearte. Obviamente no quiere que la controles de verdad porque los seres humanos estamos “programados” para buscar comida, reproducirnos y buscar un techo. En el momento que algo más se cruza en el camino de cualquiera de esas 3 cosas, la mente lo empuja y lo saca a toda costa.

Muchas veces perdí la cabeza. Tuve varios episodios de ‘pánico’. Uno en particular en donde mi mente me decía que algún familiar mío había muerto y que nadie me podía avisar porque no dejé la ubicación exacta, ni el teléfono del lugar y no tenían cómo localizarme. Mi cabeza daba vueltas y vueltas y me imaginaba un velorio, hasta mi celular inundado con mensajes de “lo siento mucho” una vez que tuviera señal. La pasaba pésimo y mi cabeza seguía a mil revoluciones por minuto. Sudaba. Pensé en irme del curso, en manejar a donde hubiera señal y poder checar qué había pasado con mi familia. Todo esto pasaba en mi mente y ahí estaba yo, con los ojos cerrados, quieto, hincado en un salón silencioso con 60 personas haciendo lo mismo que yo. Nada de eso pasaba pero yo me lo creía y era mi propia mente sembrándolo. Muy fuerte.

Hubo otro momento en el que, a media meditación, con muchísimo dolor en la espalda y rodillas, empezó a llover. Llovía MUCHO y el ruido del agua en el techo era cada vez mayor. Yo estaba desconcentrado; no estaba avanzando y me frustraba. La lluvia caía con más fuerza. El sonido crecía y crecía junto con el dolor de mi cuerpo y cada vez era peor. Justo cuando no creía posible que lloviera más, ni que pudiera estar con más malestar, de la nada dejó de llover. De 100 a 0. Increíble. Mi dolor se fue junto con el ruido y todo se calmó. Hubo silencio. Se me salieron las lágrimas. Más que de felicidad fueron de paz. Nunca antes me había pasado eso.

Ya me di cuenta de que mis palabras están regadas y este post no tiene mucho orden, pero igual te quería contar. La verdadera razón de que yo escriba todo esto es porque me di cuenta de algo muy importante y es algo que creo hoy en día: TODOS debemos darnos el tiempo, el espacio y la oportunidad de conocernos a nosotros mismos. De estar, ahorita con lo que tenemos. Hemos escuchado esa frase 34059 veces y ya no nos mueve nada, pero lo digo en serio. Nos da pánico. Cuando hacemos introspección nos vemos hacia adentro, exploramos qué hay en nuestra cabeza, en nuestras intenciones y en nuestro corazón y podemos entender muchas cosas. Suena bien cursi, pero no creo que haya nada más real que lo que somos por dentro.

Y ya para cerrar, unas de las muchas cosas con las que me quedo de estos días tormentosos y complicados son:

1.  Siempre estamos pensando en:

  • Algo que ya pasó y no nos gustó cómo pasó
  • Algo que NO pasó y nos hubiera gustado que pasara
  • Algo que no ha pasado y probablemente no pase

Aprendí, aunque fuera un poco, a estar presente en ese momento. Me decía a mí mismo: “A ver Alfonso, lo ÚNICO que tienes ahorita es tu respiración. Respira.”

2. Si no soy feliz con lo que tengo ahorita (cualidades, relaciones, hobbies, defectos, ambiciones, recuerdos, etc.) nunca voy a ser feliz. Ya tengo más de lo que podría pedir y esa es la respuesta a la pregunta con la que llegué al retiro. Desconectarme tanto de todo me dio mucha perspectiva en este tipo de cosas también.

 

En fin. Mucho que decir después de estar callado tanto tiempo.

Si algo despertó en ti este texto, POR FAVOR intenta esta experiencia. No podría recomendártela más. Es horrible y es lindísima a la vez. Es dura para el cuerpo y para la mente pero de alguna manera los cura y te hace más ligero. De verdad te abre mucho. Tal vez te suena muy loco todo esto, pero por algo te lo digo. Últimamente me encuentro creyendo en cosas que nunca creí posibles y haciendo cosas que antes me daban exactamente lo mismo. No sé si sean parte del “camino adecuado” pero realmente se siente bien hacerlo. Me encantaría que también pudieras vivirlo, de verdad.

Si quieres leer todo sobre este curso, pícale aquí.

 

¡Te mereces un premio por llegar hasta acá abajo! GRACIAS por leerme. Que sepas que lo aprecio mucho y te regalo un emoji bien buena onda: 🎇.

Fon.