Ese mismo verano conocí a mi primo Sergio (que no tiene ninguna presencia online), y juntos haríamos los últimos 120 kilómetros del Camino de Santiago de Compostela. Mi tío Xexo (su papá) nos infló de jamón serrano y de los mariscos más frescos de la historia y nos llevó al monasterio de Samos, para después dejarnos en Sarria, donde empezaríamos con la caminata.

Aquí toda la historia: